EMPRESARIOS PERIODISTAS...COMPLEJO


La llegada de Sarmiento

Salud Hernández-Mora

Pienso que en el mundo actual, colombiano y extranjero, no será fácil sobrevivir en un universo periodístico cada día más empobrecido y dependiente, sin pagar peajes.
A ningún periodista independiente le gusta que el propietario de su medio sea un empresario con intereses en incontables sectores económicos. Por eso no es extraño que cause prevención el aterrizaje de Sarmiento Angulo en EL TIEMPO. Lo que sí no comprendo es que sean columnistas y periodistas de otros medios de comunicación los que hagan sonar las alarmas.
Porque es irónico que un colega de El Espectador, por citar un periódico, haga la mínima insinuación al respecto. Ese buen diario, que cuenta con grandes profesionales, tiene el mismo problema que afrontaremos nosotros: unos dueños con demasiados tentáculos. No sé si el joven Santo Domingo meterá la mano en el diario y en Caracol tanto como lo hacía su papá, o si se autocensuran.
De la dirección de ese diario salieron por la puerta trasera, con una patadita y sin argumentos razonables, Ricardo Santamaría y Rodrigo Pardo. Nadie abrió la boca en ese momento, ni corrieron los colegas a rasgarse las vestiduras como hicieron cada vez que EL TIEMPO echó a alguien.
Tampoco recuerdo haber leído columnas contra los Santo Domingo al no pagar un peso de impuestos por la multimillonaria venta de Bavaria o por el vergonzoso lobby y el billete que repartían para que los legisladores no subieran la tributación a la cerveza.
Y qué decir del día que los niños Santo Domingo decidieron hacerle un favor a su tía Dávila. La señora se cansó de vivir en la casa del norte de Bogotá, que su marido logró, gracias a sus influencias, incluirla en patrimonio arquitectónico para quedar en estrato 1. Quería tumbarla, pero unos vecinos se opusieron y lograron impedirlo. ¿Qué idearon, entonces? Envenenar con ácidos los muros y obligar a derribarla. ¿Leyeron ustedes profusos comentarios sobre esa gaminada de gentes educadas en los mejores centros académicos gringos?
¿O, por ejemplo, osó alguien criticar la burda manipulación que hizo Caracol TV para impedir la entrada de un tercer canal? Por supuesto que no, y es algo que comprendo. Queda muy difícil irse lanza en ristre contra el jefe supremo, desnudar sus pecados, salvo que uno quiera perder el empleo.
A priori, al menos para mí, hubiera sido preferible que Sarmiento Angulo no tomara el control de EL TIEMPO, pero en la actualidad es difícil encontrar inversores con amplia chequera dispuestos a apostar por un medio impreso.
¿Qué ocurrirá ahora? Yo me metí una vez con Sarmiento porque a una de sus empresas le concedieron un crédito blando de Agro Ingreso Seguro y al ser él banquero y muy rico, me pareció impresentable. Pero con todo lo que se habló del AIS, ese dato, que el senador Robledo aireó, no tuvo mayor eco en otros periódicos o radios. También lo ataqué en otra ocasión, a la par que a otros banqueros, porque nos tienen a todos fritos mientras ellos cuadruplican sus ganancias con meras comisiones.
¿Escribiría otra vez lo mismo? Supongo que me lo pensaría mucho y al final lo haría pese a todo. Insisto, que un empresario de su calibre llegue a EL TIEMPO no es lo ideal, pero que no me vengan a dar lecciones colegas que tienen dueños de idéntico perfil contra los que no se atreven a escribir media línea. Además, tampoco se aventuraban a meterse con Sarmiento Angulo antes de que comprara EL TIEMPO. Él no necesita un diario para aumentar su influencia ni creo que se lo quede para censurar escritos e imponer criterios.
Pienso que en el mundo actual, colombiano y extranjero, no será fácil sobrevivir en un universo periodístico cada día más empobrecido y dependiente, sin pagar peajes. Lo más importante de nuestra profesión, y lo digo de corazón, es no engañar a los lectores y ser fiel a los principios de uno. ¿Podremos hacerlo? Yo, al menos, voy a intentarlo.

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