Constituyente cafetera, ya


Constituyente cafetera, ya

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El paro cafetero debe terminar ya, y los caficultores tienen que sentarse a pensar en su constituyente.
La constituyente cafetera debe de ser lo más democrática posible, para que no termine siendo un congreso cafetero extraordinario donde están los mismos de siempre. Es necesario asegurar, en esa constituyente, la representatividad de base, diversa y legítima.

De base porque en el debate deben estar las comunidades más populares de la caficultura, aquellas que identifican la pequeña propiedad campesina familiar. Son campesinos de menos de cinco hectáreas que ven las duras y las maduras para poder mantenerse en el campo.

La constituyente cafetera debe ser diversa porque en ese gran foro deben de confluir, además de los pequeños, los medianos y grandes caficultores del país, también es necesario incluir a otros sectores de la cadena productiva: comercializadores urbanos, esto es, compradores de café, trilladores y exportadores del grano. Y por nada del mundo se deben dejar de lado los pequeños, medianos y grandes tostadores nacionales. En el Quindío ya casi llegan a cien este tipo de productores.

La constituyente debe ser legítima. Esto quiere decir que por nada del mundo se debe permitir la presencia de infiltrados de sectores que solo están allí para desestabilizar y ‘pescar en río revuelto’, como está sucediendo con el paro.

La conformación del comité inicial para la preparación de la constituyente debe extender su influencia a la academia, para que las diferentes facultades de economía, negocios, y sociología participen en el proceso desde el pensamiento y el análisis. Y formar un grupo que vaya a todas las ciudades capitales de influencia cafetera recogiendo las inquietudes para tener un gran documento básico de discusión, que esté listo para cuando se elijan los miembros de esta constituyente.

La escogencia de los constituyentes tiene que pasar por un sistema más allá del utilizado para las elecciones cafeteras que selecciona los miembros de los comités municipales y el comité departamental de cafeteros. Debería utilizarse un sistema más participativo que representativo y realizar una preinscripción de aquellos propietarios de predios cafeteros, pero también de comerciantes formalizados en la compra-venta y exportación del grano, como los tostadores.

El tema es de fundamental importancia. Esa constituyente debe decidir qué hacer con la Federación Nacional de Cafeteros, cuáles deben ser los cambios en la institución. Pero también dedicar gran parte del tiempo a resolver cuál debe ser el papel del gobierno.

La caficultura necesita una modernización absoluta, porque aún en el Eje Cafetero, Antioquia, Tolima, Valle, los departamentos más avanzados, y en el nuevo eje: Huila, Cauca y Nariño, se utilizan las prácticas agrícolas y de transformación del grano de hace cincuenta años. Comprometerse a utilizar las nuevas tecnologías, la mecanización con grandes inversiones públicas, pero también avanzar en la genética y la conservación del paisaje, los bosques y los animales. Para tal fin, también se debe declarar para el caso del Quindío y otras zonas, en esa Constituyente, que el interés del país es la caficultura, no la minería a cielo abierto.

La transformación de la Federación de Cafeteros pasa por cambios definitivos en la comercialización del café. Hay ahí un gran cuello de botella que debemos romper definitivamente. No podemos seguir con la práctica decimonónica de exportar el grano en bruto. Hay que competir en el mercado mundial con cafés elaborados, tostados, molidos, y otras presentaciones. Ese tema es definitivo. Que el productor privado, desde su finca, pueda exportar con libertad sí lo puede hacer, sin las trabas y talanqueras que hoy le pone la Federación.

El paro cafetero debe terminar ya, y los caficultores tienen que sentarse a pensar en la Constituyente Cafetera, en sus detalles, en la forma de elegirla y en los temas que deben debatirse. Y para eso, estamos seguros, el gobierno y la propia Federación de Cafeteros tienen toda la disposición.
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