El “mamertismo”

Jueves 08 de Agosto de 2013 - 02:01 AM

El “mamertismo”

Cuando en La Habana se empiezan a vislumbrar ciertos términos de lo que podría ser un acuerdo de paz con las Farc, es oportuno preguntar por qué la izquierda colombiana, a pesar de haber dado literalmente guerra durante más  de medio siglo, ha sido incapaz de construir un gran partido o al menos una alianza de fuerzas capaz de convertirse en opción real de poder, tal como sucedió en Brasil, Argentina, Chile, Ecuador, Uruguay o Venezuela y hasta en ese pequeñísimo país que es El Salvador.

Una hipótesis bastante difundida entre algunos politólogos sobre este fenómeno destaca dos causas principales: La proliferación de pequeñas organizaciones en nuestra izquierda, cada una de ellas celosísima de encarnar “la  verdad revolucionaria”. Y la  preeminencia que ostentan en ese tipo de facciones determinados grupos, muy cerrados, que fueron motejados desde los años 60 y 70 del siglo pasado con el apelativo de “mamertos”.
Aunque en principio ese término se aplicó jocosamente a unos pocos dirigentes, su uso categorial es extensible a todos los personajes encargados de expedir órdenes o  “tirar línea” en cada organización, utilizando, siempre, agudas interpretaciones del  marxismo-leninismo, del maoísmo y hasta del castrismo… las cuales serán obedecidas por los militantes de base ¡So pena de ser expulsados de las filas! Añadamos que esta potestad, tan parecida  a las que ostentan los cardenales católicos, es usada para mantener a tales personajes en  la cima, incluso hasta su fallecimiento; tal como sucedió con Gilberto Vieira, Jacobo Arenas, Carlos Bateman o Alfonso Cano.

Lo anterior significa que todas las facciones de la izquierda colombiana se asientan en una estructura vertical de mando, que permite a sus dirigentes imponer decisiones “de arriba hacia abajo” y reelegirse indefinidamente, aunque siempre aducen que hacen esto “interpretando el sentimiento democrático de las masas populares”. Una tradición calcada de Lenin, quien, en virtud de la falta de libertades políticas imperante en la Rusia zarista, nunca pudo consultar al proletariado para legitimar su jefatura.

Algo muy distinto sucede en la izquierda  chilena, conformada por una alianza en la cual figura la Democracia Cristiana, que no confiesa el marxismo, una fracción del antiguo partido radical, el partido socialista de Allende y los comunistas. Entre ellos la plataforma política y los candidatos se escogen en elecciones primarias, de “abajo hacia arriba”: y todos los integrantes de esa  heterogénea reunión respetan la voluntad manifestada en las urnas por los militantes de base.

La principal diferencia entre esas dos formas de organización, reside pues en que la izquierda de países como Chile se fundamenta en la consulta permanente de sus bases electorales; debido a ello es menos permeable a la formación de círculos cerrados o camarillas, fenómeno que se presenta entre nosotros en cabeza de los  inefables  “mamertos”; quienes  se mantienen  en la  cima de cada facción pisoteando a todos los que no comparten su “línea”, como  es bien ostensible en el Polo Democrático, de cuyo seno fueron obligados a salir personajes como Lucho Garzón o  Gustavo Petro… y  donde se dieron el lujo de expulsar ¡Al  mismísimo Partido Comunista!

Con cuánta razón decía Vargas Vila que los grandes partidos se organizan para tomar el poder…y las facciones… solo para conspirar contra el poder. 
Publicada por
Alfonso Gutierrez Millán

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