#Mujeres que nos han construido a nosotros y a éste país.

Doña Delia

Creo que tenía 15 años cuando mataron a Gaitán. Sólo recuerda que le contaron que volaban máquinas de escribir de los segundos pisos. Sí, aquí hubo 9 de Abril ¿lo han historiado?
Vivió en la época en que Berlín y el parque donde hay un CAI era una Galeria, hace ya varias décadas. Hija de Juan Gómez: hijo de una mujer que había perdido su herencia familiar a manos de su primer marido -una historia truculenta típica de 1895 que mi querido Victor Zuluaga les contaría mejor- y de doña Lucrecia Salazar, supongo hija rebelde de una familia pudiente del pueblo. Cuando ella nace Juan era …¿cómo lo ubico?¿un conductor de un gran camión de hoy? ¿sí? para esa época de un Caballo + una gran Carreta y era famoso por pasar por la 6 con 11 y en el 11-61 arrojar por la ventana -por el “postigo”- la carne para el almuerzo.
Doña Delia recuerda que siendo obrera en Valher (Valencia Hermanos, al parecer emparentados de alguna forma con su abuelo paterno…) le hicieron paro a Rojas Pinilla, y también recuerda el plebiscito, y la primera vez que pudo votar: hace sólo unos 60 años las mujeres en Colombia votan. Creía que había trabajado brevemente en La Rosa, ella dice que no. Me es poco claro en qué momento conoció a un…¿maestro de obra? a don Tiberio Parra, el señor, que hoy llama la atención en la Vía Activa cuando pasa de arriba abajo en una bicicleta pública facilitada por la alcaldía: “sin cambios mijo porque me pongo a cambiar y me caigo”.
Tal vez por su temperamento, terminó trabajando a destajo: sola en su casa –bueno, conmigo será- con su máquina de coser: recibía las telas, los moldes se dice, armaba los pantalones o las camisas, las planchaba con plancha de carbón y luego las llevaba a un almacén en la antigua Galería de la 17… ya estamos hablando de los 70, y doña Delia rondaba los 40 años. Nunca olvidaré que a media noche daban radio novelas de terror ¡a media noche! mi madre cosía y yo dizque dormía ¡que violencia infantil ole!. Y sí mi madre, criada con sus hermanos a rejo de caballo, ejerció los castigos físicos que hoy luchamos por proscribir de nuestra cultura. Me es poco claro si fueron muchos o pocos: yo era un “ombligado con cola de Mico”. Lo que sí es claro es que su esfuerzo para que estudiara, pasara lo que pasara, definió más quién soy.
Una mujer verraca, decidió que quería tener, además de la pequeña parcela que heredó de Juan en Berlín, su propia casa. Y me llevaba a reuniones con viviendistas en Dosquebradas, aquí con Perches Giraldo, en fin… hasta que apareció Cenaprov y Doña Delia y Don Tiberio pudieron tener un lote, el 405, de la Manzana 31, en Leningrado 3: piso de tierra, paredes sin revocar, tejas de zinc… ni había agua, era en porrones; ni electricidad; ni vías pavimentadas; ni..ni..ni…¡pero había casa! ¡teníamos casa propia!¡3 veces el tamaño de aquella donde vivíamos en la herencia del abuelo!... Estamos en 1979. Ella, sin darse cuenta, ya tiene 46 años.
La vida siguió…y siguió: hace unos 5 años, casi a sus 80, llegó en el INEM a 3º bachillerato ¡que orgulloso me sentí!. Hoy la vida sigue…solo quería contarles que Doña Delia existe y hacerle un homenaje a tantas y tantas Delias que nos han construido a nosotros y a éste país.
Versión con leve ajuste de la publicada Jueves 12 de Noviembre de 2015 en http://www.latarde.com/opinion/columnistas/orlando-parra/160888-dona-delia

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