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2023/06/29

Vivir sabroso

 Sentí en el diálogo hacia el Plan Nacional de Desarrollo que, por cierto, es el primero al que asisto en muchos años; un ambiente de esperanza que me genera sentimientos encontrados frente a las posibilidades reales de cumplir tales anhelos.

Vi mucha gente, especialmente de izquierda, quienes me decían que, al menos, al llegar a su edad, 60, 70 o más años, podrían morir en paz, tras haber visto que por primera vez en la historia del país había llegado al poder un partido o movimiento de izquierda. Me pareció tan bonito ese sentimiento que NO quise contradecirlos.

Los temores que me generan estas esperanzas, sueños, ilusiones, se asocian a que NO se ha captado un mensaje en el cual ha sido persistente Gustavo Petro –quien sí lleva en escenarios de poder 30 o más años-  y es que la izquierda ha llegado al gobierno pero NO al poder; de hecho tampoco ha llegado la izquierda, Petro también lo dice: lo que llegó fue un movimiento de centro izquierda, el cual logró derrotar -por una leve mayoría- a una mezcla de derecha y temores, fundados unos,  infundados otros a estos gobiernos. Ayudó el «todo vale» y que el rival, tal cual se supo recién, NO quisiera ganar.

Esas altas expectativas pueden hacer que mucha gente, dentro de 2 o 3 años, si no logran entender lo difícil que es gobernar, más a un país como Colombia en medio de una crisis económica mundial; terminen frustrados, y entonces, no solamente se fortalezca la derecha sino que también lo haga la izquierda radical con su creencia en la revolución armada como la salida que nos llevará al paraíso, desconociendo el desastre que han sido esos triunfos revolucionarios, pues en unos se ha dado un retroceso general, en otros una gran restricción de los derechos humanos, en especial a la libertad, la cual se pretende compensar con avances socio económicos, igual, en ninguna parte del mundo ha dejado de existir la pobreza o la riqueza; en los países con alto índice de desarrollo humano hay clases sociales; en el «modelo socialista» había y hay familias poderosas que detentan los bienes del estado mientras los demás se debaten en la pobreza; en esa mezcla de gobierno comunista con economía capitalista que es China, hay unos abiertamente ricos al lado de masas de pobres y sectores de clase media: pero aún hay quienes creen en «revoluciones» olvidando que los humanos sólo «evolucionan».

Frente a esas ilusiones de millones, de que «todo» se resuelva en 4 años, llega una gran tarea a quienes hoy gobiernan de hacer entender las enormes limitaciones que tiene el estado para poder cumplir sus expectativas. Está probado que Colombia ha avanzado en muchas cosas y se atrasó en equidad y equilibrio social, y sí, es posible que una cadena de gobiernos de centro izquierda la hagan avanzar más y ajusten esos desequilibrios, pero NUNCA habrá paraíso, ni maná cayendo del cielo, ni desaparecerán los pobres, ni los ricos, tal vez sólo logremos que haya más clase media. Ya veremos … en 20,30 años.

Las elecciones locales van a decantar estos procesos. Vamos a ver tres variables: (1) Los movimientos de izquierda, con algunos de centro, alentados desde la presidencia quienes aspiran a 600 alcaldías, se dice, y supongo que a la mitad de las gobernaciones. (2) Los partidos tradicionales: una cosa es que acepten la mermelada nacional y otra que quieran soltar el poder local. Estas dos variables se disputarán la (3) franja cívica de centro, a esos tibios que, casi siempre, decidimos las elecciones.

En esa disputa, el espacio de aspirantes puede ser llenado por candidatos de corte cívico/centro, los cuales terminarán decidiendo la lucha entre los defensores de un statu quo, un establecimiento, que ya existía, existe y existirá y, los promotores, defensores y beneficiarios del establecimiento que está llegando…

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Publicada en varios medios  noviembre 17, 2022


2022/06/25

«Bilis» y Esperanza

Orlando Parra

2021-09-07

Los jóvenes quieren todo ya.  Están en su derecho.  Muchos viejos, al ver que nunca han llegado los cambios por los que lucharon, también quieren todo ya, y se amargan.

Cuando se analizan las sociedades, casi siempre se olvida que están compuestas por seres humanos, y que una cosa es una persona que nació en 1950, otra la que nació en 1970, 1990, 2000, etc. Cada ser humano vive un país de formas diferentes.

Es muy difícil pedirle a alguien con menos de 30-40 años entender lo que era el sistema de salud antes de 1990 donde unos pocos tenían seguridad social.  Nunca he olvidado a mi madre yendo donde «Plumón» (cacique liberal, el cual pocos jóvenes saben que existió) para que la mandara donde un candidato, y éste donde un médico, al cual me llevó.  Ese médico me formuló unas inyecciones espantosas que se debían comprar y aplicaban en una droguería de Cuba (creo que del padre de Olga Lucía Ríos Millán) ese … ¡ese era el sistema de salud muchachos! La mayoría de la población carecía de acceso ¡ni hablar de calidad!

Otros ejemplos.  Si usted es joven, revise entre sus tíos, o abuelos, cuántos tienen formación profesional, y ahora mire entre usted y sus primos.  Hay más: Esperanza de vida.  Lo pensional.  Mortalidad infantil.  Acceso a cultura a información. Y si quiere pensarlo desde las mujeres, o desde el respeto paulatino a la diversidad de género, los datos son aún más interesantes.

En el 2013 publiqué #HazPlural2 «A pesar del escepticismo» y en 2016 (el 3) #HayEsperanza. En resumen: a pesar del escepticismo hay esperanza, o, hay esperanza a pesar del escepticismo. Me distancio de la amargura, la «bilis», que percibo en personas de mi edad (1969), o mayores, ni hablar de las menores. No sé qué tan duro les ha golpeado la vida, pero su negativismo y negacionismo es un atentado contra la salud mental de quienes los rodean.


Afortunadamente muchos apostamos a la esperanza: Humberto de la Calle e Iván Marulanda (1946: 75 años), Jorge Enrique Robledo (1950: 71), Ángela María Robledo (1953: 68), Sergio Fajardo (1956: 65), Juan Fernando Cristo (1964: 57), Alejandro Gaviria (1966: 55), Luis Gilberto Murillo (1967: 54), Juan Manuel Galán (1972: 49), Angélica Lozano (1976: 45), Juanita Gebertus (1983: 38) y sigue.

Nunca se tratará de justificar que un país tan rico, pero tan desigual, tan desequilibrado como el nuestro; tenga hoy más de 9 millones de personas en la pobreza, la mayoría en hogares campesinos o donde el jefe del hogar es una mujer (ni hablar de la miseria injusta en la que viven la mayoría de los migrantes venezolanos).  Tampoco el cinismo de decir «la economía va bien pero el país va mal» (derecha). Ni que vivimos «en el peor país del mundo» y negar lo avanzado (izquierda).

Se trata de aceptar los avances y retrocesos. Aceptar que caminamos, pero podemos acelerar hacia un país donde haya más «dignidad» para todos: las causas, características y consecuencias del paro iniciado el 28 de abril, siguen y seguirán ahí … por un buen tiempo.

Los «viejos» [los que ya No somos jóvenes (21-28), ni jóvenes adultos (29-43)], tenemos una gran responsabilidad frente a la «muchachada ardiente», pues como dice LE: «La vida son los momentos de alegría; hay que buscarlos y sembrar ilusiones NO desilusiones. Sembrar frustraciones sin propuestas, es una perversidad».

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