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2007/07/17

EL TESTAMENTO DE Alfonso López Michelsen.
PROPUESTA
DIH por derecho territorial
Si bien se miran, uno y otro no están tan distantes.

Acogido el Acuerdo Humanitario como una demostración imborrable de que el pueblo colombiano está del lado de los pacifistas, me viene a la mente una duda acerca de las múltiples declaraciones del Presidente de la República en el sentido de no ceder en materia territorial, aun cuando el precio fuera humanitario. Vale decir que, con algo de objetividad, gradualmente iremos llegando al acuerdo humanitario sin habernos paseado nunca sobre el acuerdo territorial, que bien podría, en determinadas circunstancias, hacer sus veces en un canje de concesiones humanitarias por concesiones territoriales.
Devolverles la libertad que se les ha arrebatado a los secuestrados a cambio de hacer propietarios a los minifundistas, que podrían desarrollar sus conocimientos agrícolas impulsando, así fuera en pequeños cultivos, los de pancoger, que permitirían hacer de Colombia un Estado casi suficiente, cuyo consumo per cápita se fijaría como meta el desarrollo colombiano. Si bien se mira, el desarrollo humanitario no está tan distante del desarrollo territorial. Más de medio país está sin cultivar, pudiendo prestar su suelo para suplir cultivos de demanda universal, como la palma de aceite, o el caucho, o las variedades tropicales que permiten novedosos tratamientos de enfermedades que parecían incurables.

Todavía recuerdo la visita a Colombia de una empresa de Malasia que aspiraba a suplir sus ventas en territorio americano con productos de la misma región. ¿A quién podría caberle duda, desde el punto de vista agrícola y económico, de que no había competencia en el caso de Colombia, a quien la naturaleza había dotado de todos los atributos propios de cultivar en América la misma fracción de tierra que había redimido a Malasia de sus limitaciones mineras?

Todo lo teníamos, menos del Derecho Internacional Humanitario, el cual nos era completamente esquivo en este rincón del mundo, en donde se pierden la libertad y la vida en cuestión de horas.

La demostración del jueves último, que puso a prueba la voluntad de paz del colombiano medio, puede, eventualmente, suplirnos de la carencia de una solución práctica inmediata que sustituya el contenido de los debates académicos por la necesidad de reducir el problema a sus términos elementales, entre los cuales nos atrevemos a sugerir que se apele, como parte del Derecho Internacional Humanitario, a la concesión transitoria del derecho territorial, que no le abriría el paso, bajo ninguna circunstancia, a un nuevo Caguán, en donde tuviera asiento permanente la soberanía, sino que se prestara para el aprovechamiento material de regiones propias de una agricultura sana, cuya expansión, lejos de constituirse en la fuente de un conflicto internacional, serviría de ruta para nuevos cultivos, revestidos de una indiscutible utilidad, o sea, la ampliación del suelo cultivable en una variante de lo que quiso ser en determinado momento la reforma agraria de la administración Lleras Restrepo, que acabó convirtiendo al Estado colombiano en el mayor latifundista de la Nación.

Alfonso López Michelsen
SU ULTIMA COLUMNA EN EL TIEMPO