alta clasecita social que confunde moral con status social.


Cayó la alta clasecita social

Carlos Castillo Cardona

La falta de imaginación para hacer trabajar el dinero y producir riqueza hizo que muchos se sintieran cautivados por cualquiera de los fondos de esta compañía (Interbolsa).
A finales del año pasado ocurrió otra muestra de nuestra verdadera Colombia. Nos sorprendió, sin que fuera sorprendente, el hundimiento de Interbolsa, arrastrando con ello a un conjunto, eso sí, predecible de ciudadanos colombianos, tan dados a que su platica la trabajen otros porque ellos no han sido capaces de hacerla rendir a la medida de sus ambiciones, deseos, caprichos y aspiraciones sociales.
El crecimiento de Interbolsa fue apoteósico, rápido y extenso, tanto que la pregunta de las últimas semanas en corrillos, conversaciones telefónicas y correos de Internet fue la de saber quiénes habían caído en esa nueva trama de captación de recursos de huérfanos, viudas, fundaciones, instituciones educativas, ONG e ineptos inversionistas.
La falta de imaginación para hacer trabajar el dinero y producir riqueza hizo que muchos se sintieran cautivados por cualquiera de los fondos de esta compañía, una suerte de holding de la estafa.
Todos los que invirtieron allí son iguales en su desigualdad. Hacen parte de esa alta clasecita social que tenemos, clasecita bastante inepta, que se ha visto desbordada en las últimas décadas por la burguesía brasileña, la mexicana, la chilena y ahora la peruana.
No dejan de despreciar la lobería de esos vecinos, pero cada vez más se muestran incapaces de gestar las empresas y propiedades que heredaron, y mucho más aptos para crear nuevas fuentes de riqueza.
Es así como han cedido el campo a los extranjeros y vendido lo que tenían en casi todos los sectores de la economía o en aquellos empresas que no les pertenecían, como lo son las empresas del Estado. Es la venta privada y privatización o destrucción de lo que era de todos nosotros. Sucumbieron las empresas de aviación y el transporte férreo, gran parte de los bancos, las comunicaciones, la minería, gran parte del petróleo, las cervezas y tantas cosas más.
¿Qué alta clasecita es esta? Pues todos a una, como Fuenteovejuna, que no mató al comendador, pero sí acaba con el país. Por eso digo que la caída de Interbolsa cayó de sorpresa, pero no fue sorprendente, si se usa la segunda acepción de ese adjetivo en el Real Diccionario: “Peregrino, raro, desusado, extraordinario”.
Interbolsa no es peregrina ni rara ni extraordinaria. Cada tantos años ocurre lo mismo. La misma gentecita que sucumbió a las garras de Interbolsa es la misma que cayó con los Picas, con el Grupo Grancolombiano, con Madoff y su carnal Piedrahíta. DMG no cuenta, porque esa una vil copia para los de clase baja. Es imposible que la gente de la alta clasecita social no invierta en masa en esos agujeros negros de la especulación.
Finalmente, todos son de los mismos clubes; viven en los mismos barrios; cuando pueden, tienen apartamento en Miami, Nueva York o París; usan la misma ropa, las mismas marcas y tienen los mismos sastres y modistas; no han ido a la plaza de Bolívar, excepto para la posesión de presidentes; no saben qué es un barrio pobre y solo conocen los barrios bien; sus casas de campo están inscritas en los mismos reservados; salen juntos en las páginas sociales de los periódicos y de los K&K; todos van a las mismas fiestas; y asisten a los mismos cocteles.
¿Cómo no invertir en los mismos fondos de especulación? Especialmente, porque los que fundan, manejan y promueven esas engañifas financieras y estafan con ellas son los que comparten, también, los mismos eventos sociales y son, indudablemente, de la misma clasecita alta. No podría ser de otro modo, porque, finalmente, esa clasecita solo confía en los de su misma clasecita. Confunde moral con status social.
Ahora, la Fiscalía y otras superintendencias están investigando. Cosa rara, porque esos que investigan y controlan lo deberían saber todo. Finalmente, van a los mismos cocteles.
Carlos Castillo Cardona

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